Las bacrim, el desafío de Medellín en el posconflicto

El alcalde de la ciudad se la juega, en medio de presiones, por recuperar el control territorial que ilegales mantienen en algunas zonas de la ciudad. Advierte que debate sobre seguridad debe ser reenfocado y nacional.

¿Cuál es la verdad sobre la situación de la seguridad hoy en Medellín?

Hay unos problemas serios frente al crimen organizado y mi responsabilidad es enfrentarlos. Tiene que existir optimismo de que las cosas siempre pueden cambiar para mejorar, pero la primera parte tiene que ser aceptar que hay problemas, reconocerlos y transformarlos. No vine aquí a mostrar sólo cifras que convengan políticamente, vine a trabajar y a devolverle la seguridad a la ciudad.

El paro armado del clan Úsuga se sintió en Medellín más duro de lo que uno esperaría…

 Es muy fácil generar terror y miedo, y estos grupos lo han ido logrando porque en ciertas zonas tienen control territorial. Por eso es importante que el tema de la seguridad urbana esté en la agenda nacional y de la seguridad de las ciudades.

Pero, ¿hay problemas de articulación de trabajo con las Fuerzas Militares?

Cuento con todo el apoyo de la Policía, el Ejército y la Fiscalía, pero hay que dar un gran debate en el país sobre el tema de justicia. La estrategia tiene que ser de control frente al crimen organizado, pero tiene que haber mucha oferta social, no seguir idealizando un debate que no tiene sentido, la seguridad no es de izquierda o de derecha.

¿Cómo combatir las bacrim?

De forma integral. En la medida que crecen financieramente se fortalecen militarmente. La estrategia debe pasar por la extinción de dominio a bienes producto de rentas ilegales, bienes donde están las casas de vicio. La inteligencia también cumple un papel fundamental. Hay que combatir cada delito según su naturaleza.

¿Y está de acuerdo con bombardear las bandas criminales?

Es hora de que el país cambie la estrategia de lucha contra las bacrim. Han ido tomando control en distintos territorios, fortalecidas por rentas ilegales, minería ilegal, microtráfico y extorsión. Son una amenaza para el país, y el país tiene que responder a esa amenaza.

¿Y esa medida suya del pico y placa ambiental de verdad fue por la emergencia por la calidad del aire o fue más bien una forma de toma de medidas para evitar los efectos del paro armado de los Urabeños?

No. Fueron dos cosas que se presentaron al mismo tiempo y que atendí como alcalde. Aquí no hay cálculos. Cuando ocurrió lo de Belén Rincón (los Urabeños quemaron un bus de servicio público durante el paro armado) fui a atender a la comunidad. Lo que hay que resaltar es el apoyo ciudadano. La gente no sólo dejó de salir en carro porque la medida era obligatoria, sino que entendió que el tema de la calidad del aire es importante.

La seguridad urbana es el gran desafío de América Latina y en algunos países de la región han optado por quitarle al Ministerio de Defensa esa función, han creado secretarías que dependen del Ministerio del Interior. ¿Qué se debe hacer en Colombia?

Agarrar el toro por los cachos. Fortalecer la seguridad ciudadana, la lucha contra el crimen organizado, entender que la intervención debe ser integral, fortalecer la justicia. No basta con disminuir los homicidios, lo que busca el crimen organizado es apropiarse de territorios para hacerse a las rentas ilegales y fortalecerse militarmente, es un cáncer y hay que atacarlo realmente como es.

En sus primeros 100 días lo hemos visto interviniendo los sectores más conflictivos e inseguros de la ciudad. ¿La situación está peor de lo que esperaba?

Desde el primer día tomé acciones concretas, como en el centro de la ciudad, como en Castilla, en Robledo, el 12 de Octubre, donde hemos tenido algunas dificultades, pero sabemos cuáles son estas estructuras. No basta con bajar los homicidios, necesitamos el control territorial y atacar el hurto, la extorsión, la renta ilegal y la trata de personas. Hago un llamado nacional, no sólo a la Presidencia, sino a todos para que entendamos que es imposible lograr la paz en este país si no tenemos seguridad en las ciudades y por eso es justo ir preparándonos para lo que viene.

¿Qué tanto está preparada está Medellín para el posconflicto?

Una de mis insistencias es lograr el control territorial, lo peor que podría pasar si hay una desmovilización masiva es que muchas de las personas que formaban parte de una organización determinada, ya sea de las Farc o de otro grupo, entren a ciudades o al departamento a ser parte de otras estructuras. Tenemos que entender que el problema es serio y debemos trabajar de la mano. Así como Medellín asumió la desmovilización como la del bloque Cacique Nutibara, en la que entraron 890 hombres que dejaron las armas, así tendremos que asumir, si se da, una nueva desmovilización. Lo peor que puede pasar es que esos jóvenes terminen en otras estructuras ilegales, ese reciclaje no puede volver a pasar en el país.

Usted insiste en el control territorial. ¿Lo tiene de verdad en la ciudad?

En muchas zonas sí, y en donde no se ha tenido se han consolidado estas estructuras. Lo estamos recuperando y es lo que ha evidenciado la ciudadanía.

¿En dónde no tiene ese control?

Le pongo un caso en donde se demuestra que sí se puede. El Parque Berrío, en el corazón de la ciudad, emblemático para nosotros. Se lo había apropiado la criminalidad. En un mes lo recuperamos y es de nuevo de la ciudadanía. El proceso sigue. Hay muchas estructuras criminales que convergen alrededor del centro, vamos a tomar ese control. Las estrategias hoy están concentradas en el centro, algunas zonas de Castilla, 12 de Octubre…

¿Esa criminalidad tiene nombre propio? ¿Hay unas cabezas?

(Silencio).

¿No sabe o le da temor decirlo?

Hay unas cabezas, estoy hablando de más de 10 odines que tienen fuerza en el área metropolitana y de organizaciones delincuenciales ligadas al narcotráfico, con gran poder financiero, que se fueron fortaleciendo como bacrim, a través de la minería ilegal y otros mecanismos fueron llegando también a las ciudades.

¿Y quiénes son las figuras visibles de esas estructuras?

Aquí hay unas estructuras que han sido realmente históricas y que son reconocidas en Medellín y el área metropolitana, la famosa Oficina que ha migrado mucho, pero ha sido la herencia de toda esa época del narcotráfico y esas estructuras han ido cambiando de manos. Los denominados Urabeños y clan Úsuga.

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