COL: El drama que llevó a un joven de 21 años a convertirse en “mula”

El Espectador

Este 15 de julio se conocerá en Hong Kong la condena por narcotráfico para César Sánchez, un joven de 21 años, sin padres, de quien dependía su hermana de 16 años, diagnosticada con lupus.

El 10 de marzo de 2014, César Augusto Sánchez, un joven de 19 años, salió de Bogotá con una maleta cargada de droga. Su destino era China, donde una persona puede enfrentar una condena de por vida por 50 gramos de cocaína. Después de varios días de viaje, en los que pasó por Brasil y Alemania, llegó al aeropuerto de Hong Kong. Allí lo detuvieron y no le permitieron la entrada. La razón: no contaba con el suficiente dinero para ingresar a territorio chino. Lo regresaron, con maleta y droga, a Colombia. Se había salvado. Y, a pesar del terror que vivió en ese viaje, casi dos años después repitió la hazaña. Pero en esa ocasión no contó con la misma suerte.

Su novia Sindy Infante lo recibió la primera vez. Ella le dijo a este diario que todo se puso “peor cuando volvió. Como él estaba viviendo con la persona que lo metió en ese negocio, se quedó sin casa, porque dijo que por nada del mundo volvería a vivir allá”. “Yo a esos manes me les voy a perder”, le dijo Sánchez a su novia. “Y así fue. Él les devolvió la droga y $500.000 que ellos le habían dado por adelantado, y se perdió”, relató Infante. Sánchez regresó a la vida de perpetua fragilidad económica que llevaba desde los 11 años, cuando llegó a Bogotá y empezó a trabajar para sobrevivir junto a sus dos hermanas, Íngrid y Diana.

La catástrofe comenzó a gestarse en enero de 2014. Fue entonces cuando por primera vez en su vida César Sánchez quedó desempleado. Su madre murió cuando él tenía 11 años y un día después su padre lo llevó a él y a sus dos hermanas a la estación de transportes de Mariquita (Tolima) y los mandó a vivir con tres tíos distintos en Bogotá. Desde entonces, César Sánchez y su hermana mayor, Íngrid, responden económicamente por la menor, Diana.

 Cuando perdió el trabajo, su hermana de 14 años llevaba dos meses hospitalizada en El Tunal por intensos dolores de estómago, vómitos y calambres musculares. Poco tiempo después le diagnosticaron lupus. “En la escala que va de uno a cinco y evalúa la gravedad, a mí me diagnosticaron un cuatro”, le dijo Diana Sánchez a este medio. Sin embargo, era imposible que recibiera tratamiento, pues no estaba afiliada a una EPS. Cuando le dieron el alta, la joven regresó al apartamento alquilado que compartía con su hermano y en los meses siguientes tuvieron que vender muebles, mesas, camas y colchones para pagar el alquiler y la comida. Luego no quedó nada que vender.

Diana Sánchez se fue con su hermana mayor, y César Sánchez empezó a rodar de casa en casa. A veces, cuando nadie podía hospedarlo, deambulaba por las calles hasta que amanecía, le contó Sindy Infante a El Espectador. Fue entonces cuando un amigo le ofreció que se quedara en su apartaestudio, pues él viajaba mucho y el lugar casi siempre estaba desocupado. Una semana después, César Sánchez se vinculó al narcotráfico. Le contó a su novia que su compañero de apartamento viajaba llevando droga. “Él me dijo que le había dado curiosidad, pero no pensábamos que fuera algo en serio”, cuenta Infante. Pero sí iba en serio. Y el primer acercamiento terminó en el fallido viaje a Hong Kong.

Tras su regreso consiguió trabajo. El 19 de mayo de 2015, César Sánchez recibió una llamada de los hombres que un año atrás lo habían convencido de transportar droga por el mundo. Y él empezó a considerar de nuevo partir hacia Hong Kong como mula. “Me decía que lo estaba pensando porque ellos le habían dicho que ya tenían comprada la justicia tanto de acá como de allá para que no lo cogieran. A finales de mayo faltó un día al trabajo. Yo me enteré que era para verse con esa gente y le terminé”, relató Sindy Infante. Luego, en la madrugada del 27 de octubre de 2015, ella recibió una llamada de un número desconocido. Desde una correccional en China, César Sánchez le dijo que lo habían capturado en el aeropuerto de Hong Kong con dos kilos y medio de cocaína en la maleta. Lloraba. Tenía 20 años.

En los ocho meses que lleva preso en China ha pasado por dos cárceles: primero la correccional Pik Uk en Hong Kong, pues cuando llegó era considerado menor de edad en ese país. Luego fue trasladado a la prisión de Lai Chi Kok, su centro de reclusión actual. Todos los días lee y les escribe cartas a Sindy Infante y a su hermana menor. Cada dos meses habla con ellas durante diez minutos. En las cartas menciona pequeñas cosas, como el “calor indómito” que hace en su celda o el sabor amargo del arroz, pero no habla de la condena en su contra, que saldrá el 15 de julio, después de haber aceptado cargos. Podrían ser décadas, incluso toda su vida. Mientras tanto aguarda sentado en el gran salón gris de la prisión Lai Chi Kok, donde sindicados de todas partes del mundo esperan como él a que se defina su futuro.

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