COL: Jóvenes que le huyen a los cultivos ilícitos gracias a una oportunidad para estudiar

El Espectador

En Norte de Santander abundan los cultivos ilícitos, mientras las oportunidades de trabajo legal y estudio son escasas. Pero la realidad está cambiando gracias al programa Becas Sueños de Paz que apoya proyectos de educación.

dgar Pereira creció en una zona donde los cultivos ilícitos reinan, así como los problemas derivados de estos. Además, se vive un tiempo en el que los hijos ya no quieren trabajar la tierra, sino migrar a las grandes ciudades para tener un destino diferente al de sus padres, que trabajaron toda su vida en una tierra olvidada por el Estado. Pero, más allá de querer huir de esa realidad en Norte de Santander, este joven quiere transformarla. Actualmente es beneficiario del programa Utopía de la Universidad de la Salle, que tiene como objetivo principal profesionalizar el campo y estimular a que los jóvenes a que se queden para trabajarlo, con el conocimiento y las herramientas necesarias. Este programa recibe recursos de Becas Sueños de Paz, de Bancolombia. 
 
Édgar ya tomó sus clases teóricas y se encuentra ejecutando su proyecto productivo que consiste en cultivar melón en un cuarto de hectárea, con “un sistema de riesgo acolchado plástico con tecnologías diferentes de las que se usan normalmente”, explica con sus palabras, además de manifestar lo que significa para él ser agricultor. “Yo quise dedicarme a la agricultura porque mi familia por años ha sido campesina y me siento orgulloso de llevar en mi sangre ese empuje y la berraquera del campo”.
 
La información sobre la beca le llegó gracias a un padre de La Salle que estaba recorriendo la zona buscando muchachos que quisieran estudiar. ”Estaba en un corregimiento olvidado, no había internet ni nada; allí escuché al padre Ómar, que me invitó a presentarme a la convocatoria; hice entrevista, prueba de matemáticas y lectura y gracias a Dios, fui aprobado por el Consejo de admisiones para ingresar la Universidad de la Salle, pero debía pagar el primer semestre, así que me fui a hacer labores varias en el campo, para ahorrar el dinero necesario”. Alejandro recibe ahora el monto necesario para pagar la matricula, su manutención y el proyecto productivo. Solo debe aportar algo más de 57 mil pesos cada cuatrimestre.
 
“Le recalco a los agrónomos que deben estar en el campo, sembrando, no queremos agrónomos de oficina y mi sueño es seguir trabajando con comunidades apartadas donde el desarrollo rural es precario. Siempre miro al cielo y le doy gracias a Dios, porque si no fuera por esta oportunidad creería que me hubiera perdido en los cultivos ilícitos, porque las oportunidades son escasas. Por eso, ya que la tuve quiero seguir preparándome y cursar más adelante mi maestría en desarrollo rural y gestión”, concluye este joven. 
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