BOL: Las drogas y la libertad

El Deber

Si creemos en la libertad de cada ser humano como un derecho inalienable, entonces no deberíamos aceptar que el Estado nos regule qué podemos y qué no podemos meternos a la boca. Desgraciadamente, la mayoría de la gente, incluyendo juristas e intelectuales, no tienen claro qué son los derechos humanos y tampoco tienen, más allá de los discursos y la retórica (donde hasta los tiranos dicen defender la libertad), un compromiso firme y consecuente con el derecho de cada persona a elegir su destino. Esto trae como consecuencia que el consenso mundial juzgue legítimo y acertado que los Estados prohíban ciertas drogas y se lancen a una cruzada militar contra ellas. Esto es lamentable, no porque las drogas sean buenas, sino porque criminalizar su uso socava los principios de una sociedad libre.

Pero esta no es la única consecuencia negativa la de penalización de las drogas. Si estas fueran legales, no existirían los cárteles, sindicatos cocaleros y grupos paramilitares que matan, extorsionan y crean un clima violento en todos los países de la cadena de producción y distribución. Si las drogas no fueran criminalizadas, aquellas no estarían atiborradas de personas pacíficas cuyo ‘delito’ ha sido transportar o comercializar un producto voluntariamente demandado por otras personas. Si las drogas no fueran ilegalizadas, se podría trabajar más eficazmente en la rehabilitación de los adictos y en la producción de drogas menos adictivas o menos dañinas para la salud.

El argumento de que la prohibición de las drogas se justifica porque son malas para la salud es espurio: según un estudio de la OMS, el año 2000 se estimaron 194.058 muertes por consumo de drogas ilegales, mientras que la misma OMS calculaba 12,29 millones de muertes por isquemia y paro cardiaco ese mismo año. La OMS estima que 1,59 millones de personas murieron de diabetes en 2015. Es decir, muchísima más gente muere por el excesivo consumo de azúcar refinada y carnes rojas que por la cocaína o la marihuana, el opio y todos los estupefacientes juntos. De hecho, más gente muere por el abuso de drogas legales que por las drogas ilegales. Por supuesto que quien escribe no sugiere que se deba prohibir el azúcar o las carnes rojas, ni tampoco promueve el consumo de drogas. Las drogas son malas y la sociedad civil y la familia deben educar contra su uso. Los padres no debemos transferir al Estado nuestra responsabilidad de cuidar a nuestros hijos y sí debemos prohibirles, pero sobre todo educarlos para que no utilicen drogas. Pero no es rol del Estado decir a los ciudadanos libres lo que pueden o no consumir.

http://www.eldeber.com.bo/opinion/Las-drogas–y-la-libertad-20170306-0137.html

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